EXPOSICIÓN DE ROY ANGLADA EN LA SALA UN CHICLE EN EL TACÓN
texto: Germán Borrachero
El pintor Roy Anglada no sólo vuelve treinta años después a su ciudad, también vuelve a su barrio. Él no es el mismo, y la ciudad tampoco. Se conocen, como se conocen los antiguos compañeros que desde el primer instante reactivan el cariño, aunque la actualidad les haya ido cambiando, modificando según la necesidad del momento.
Roy Anglada es ahora –y lo es desde hace años- un activo militante de la expresión gestual y abstracta, que toca cualquier tipo de recurso, aunque sin un eclecticismo que oculte su identidad, y con una manera de trabajar no exenta de estudio, de ensayo filosófico, cuando no de quimera.
Porque la quimera bautizó con la aspiración la parte espiritual del hombre: llámese religión, arte o ideología; y desde entonces el artista se convirtió en un demiurgo, a modo de sismógrafo pasional del momento.
Hoy es el momento, treinta años después, cuando Roy Anglada vuelve a exponer en Madrid, después de una larga singladura. Singladura sin muchos obstáculos ya que, como el espectador constatará, en la propia búsqueda de Itaca también se ha disfrutado.
